«La tapa»

por arancha

¿Cuánto tiempo durará la conciencia de la solidaridad? ¿Cuánto tiempo transcurrirá desde que degustas e ingieres «la tapa» -carne de cabra, pella de gofio, y papas negras; y una copa de vino tinto de la zona-, hasta que vuelves a tener la sensación de hambre, y también de sed? ¿Cuánto tiempo pasará desde que te sientas a descansar agotado de la distancia que has recorrido, y de nuevo sales a recorrer en tu tiempo de ocio las calles de dónde resides?

 ¿Cuánto tiempo…? … Ese es el grave problema de la sociedad actual.

 —Hay que cambiar el mundo. —dices esta frase, y además la escuchas por cualquier rincón del globo terráqueo. Sin embargo, ¿cuántas veces te preguntas?: —¿Qué es lo que hago para lograr que el mundo sea próspero, además de más cómodo para el conjunto de la humanidad? ¿Te has planteado ser solidario con los demás? Esto no significa que has de olvidarte de las metas a las que aspiras de manera personal.

Tampoco supone que debes de dejar caer en el olvido al entorno más próximo que necesita de tu generosidad.

Debes de concienciarte que el bienestar social transcurre por el buen camino cuando afrontas el compromiso con causas sociales. Implícate de la manera que mejor te resulte con las adversidades o diversidad de las personas que aún no conoces. A los cuales, sabes, que con un hecho muy pequeño le resolverás muchas carencias, además de posibilitar por ende una mayor calidad de vida. Es tan natural para ti desplazarte sin preocuparte de nada más, y tan cotidiano para las otras personas que bregan por sobrevivir en la jungla de la ciudad, que en algún tiempo deberías de ponerte en su lugar.

 Es muy extraño el día que no se muestren en los medios de comunicación una o dos noticias sobre la diversidad funcional, la inclusión social y las barreras arquitectónicas. Existe una alta probabilidad de que no prestes la más mínima atención a la persona que te cruzas cada día por las calles que tiene que salvar las dificultades que se encuentra cuando se sostiene con una muleta. A quien ayuda a la estabilidad de su cuerpo con una andadora. A aquella persona que va saltando obstáculos con su bastón, e inclusive a quien se desplaza en silla de ruedas. Por un momento cierra los ojos, piensa que los escalones y las curvas te bloquean la entrada a una edificación o te impiden de igual modo el uso de las aceras. Los bancos, los maceteros, y la cartelería de publicidad en la vía pública te fuerzan a circular por la calzada. Los semáforos no están adaptados para enviar señales acústicas y por tanto no tienes la opción de saber en el momento que puedes cruzar la calzada sin peligro para tu vida. Vas al supermercado a comprar y no has adquirido las destrezas suficientes para diferenciar la leche entera de la leche desnatada.

 Miras hacia otro lado para que no te afecte lo que pasa cerca de ti. Te cruzas de acera por miedos y falsos mitos. Tu mayor preocupación radica en lo mucho o poco atractivo que resultas y en volver a comenzar la dieta. Y yo me pregunto, —¿y si fueses tú la persona que precisase de mi generosidad? No es sano que continúes defraudando al mundo y a ti mismo. Actúa. Personalmente no soy quién para decirte cómo y cuánto debes implicarte con los demás. Solamente tú sabes el número de «tapas» que pudiste haber consumido y por el contrario no adquiriste ni un solo ticket.

 Observa dentro de ti, y seguro que hallarás la solución. Aún hoy tienes infinidad de posibilidades para dedicar unos minutos de este tiempo de tu existencia a los demás. Así mismo, lograrás una mayor independencia y calidad de vida para el resto de la sociedad.

 Por favor, ¡una tapa! —Gracias por colaborar.

No olvides: LA INCLUSIÓN Y LA DIVERSIDAD SOCIAL, ES MÍA, Y TAMBIÉN TUYA.

¡¡JUNTOS SUMAMOS, Y CUANDO DIFERENCIAMOS RESTAMOS!! ¡ÚNETE!