Capacidades diferentes: La teoría, y la práctica

por arancha

Y, ¿qué tipo de respuesta recibiría al otro lado del hilo telefónico, si ahora mismo me acomodara frente a la mesa de mi estudio, alzo el auricular del teléfono, y realizo una encuesta de manera anónima a algunos números aleatorios de usuarios del territorio español?

Preguntas:

  1. —¿Usted ama a las personas con capacidades diferentes?
  2. —¿Usted interactúa de manera regular con una o más personas con capacidades diferentes?
  3. —Durante al menos los últimos seis meses, ¿usted ha tenido algún gesto de inclusión con alguna persona de su entorno, inclusive con algún familiar para realizar las actividades que normalmente hace la gente?
  4. —¿Usted se siente cómodo, muy cómodo, o por el contrario nada cómodo, cerca de una persona con diversidad funcional?

Estoy convencida que el cien por ciento de las personas que acepten participar en el sondeo manifestarían rotundos:

Respuestas:

  1. —¡Por supuesto! Además, añadirían. —¿Cómo se puede formular una encuesta con este tipo de cuestiones? ¡Son seres humanos!
  2. —Conozco mucha gente, y me tomo hasta un café con ellos en el quiosco del pueblo.
  3. —Sí. Con un vecino. Si necesita usar el transporte público, hago señales al conductor de dicho medio de transporte para que se detenga.
  4. —¿Por qué he de sentirme incómodo? Sin duda alguna, ¡yo me siento muy bien acompañado con ellos!

Me hablarían del azar, de las circunstancias que experimentan a diario, e incluso del destino que con tan mala suerte ha tocado a la puerta para echar raíces.

¿Y, si la teoría fuera cierta?

Una vez más, salgo a la calle. Necesito ir a la carnicería, y también a la peluquería. Cuando acabe he de seguir con los trámites burocráticos en dependencias municipales, y si me da tiempo, antes de regresar a casa, iré a comprar un regalo para mi amiga Marta. Conseguir mis propósitos supone superar un número incalculable de obstáculos superior al resto de los habitantes del planeta. Podría contar con los dedos de una mano cuántas personas son aquellas que han estado dispuestas a ayudarme a entrar al interior de alguno de estos establecimientos inaccesibles. Del mismo modo, me sobran cincuenta y nueve segundos para calcular el número de aquellos otros que aceptan sin excusas amar y relacionarse sin complejos con una persona de capacidades diferentes.

De manera definitiva: la práctica no tiene nada que ver con la teoría.

Ninguna persona me oye, o tal vez, prefieren no oírme.
Ninguna persona me ve, o quizás, prefieren no verme.
Ninguna persona se percata de mi presencia, o acaso, no quieren escuchar el sonido de mis «pasos al andar».
Ninguna persona me abraza, probablemente, le parece que va asaltar mi espacio personal, o tal vez, por el pudor al qué dirán opta por no mostrar sus sentimientos a pecho descubierto.
Ninguna persona me invita a su casa debido a las múltiples responsabilidades laborales y familiares, o quizás, puedo ser un impedimento en su círculo social más cercano.

Cuando tú y yo interactuamos, acontecen mucho más que palabras sin contenido. Hay gestos, y también actitudes. Existe un ambiente además de un entorno; están tu empatía y la simpatía. Sin embargo, cuando a la relación con los demás se le añade la diversidad funcional, todos los detalles son todavía más importantes. En la esencia de nuestras almas; tu deseo y el mío. Da toda la impresión de verse modificados, cuando en realidad, permanecen indisolubles.

En el momento que me veas, si no te veo, no olvides que sí te escucho.
En el momento que me hables, si compruebas que no te oigo, no olvides que sí te leo los labios.
En el momento que no estés seguro de darme un abrazo porque temes invadir mi espacio personal, comparte una mirada cómplice, y habré entendido que tu afecto por mi habita en tu alma.
En el momento que me invites a tu hogar, me comportaré con civismo, del mismo modo que hacen tus iguales.

Ahora que finalizo mi investigación. Me distancio de la mesa de mi escritorio, y guardo los resultados de la encuesta en la gaveta. Si se han despertado tus ganas de profundizar un poco más en este asunto, podrás fijarte que es tu humanidad quien se sacude de una falta de actividad social al que has estado sujeto. Posees frente a tus ojos una oportunidad inigualable para aprender a relacionarte con los demás sin juzgar antes del tiempo oportuno, o sin tener de ellos cabal conocimiento. Las estadísticas están para romperlas.
En la actualidad, esta es tu oportunidad para llevar a cabo a la práctica a la teoría.

¡Debes de despertar los cinco sentidos!

¡También es tuya la responsabilidad de que la sociedad recapacite!

No olvides: LA INCLUSIÓN Y LA DIVERSIDAD SOCIAL, ES MÍA, Y TAMBIÉN TUYA.

¡¡JUNTOS SUMAMOS, Y CUANDO DIFERENCIAMOS RESTAMOS!! ¡ÚNETE!

 

Me valgo de esta publicación para darle las gracias a APREME, a Bea, a Auxi, y al grupo humano de la entidad por cada una de las muestras de afecto que he recibido en este tiempo, así, por la paciencia a mi inactividad de estos meses. De corazón, GRACIAS, ¡son grandes!