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La luz que llena el alma

Bendita la luz que hubo al alba. Bendita la luz que sentí en este amanecer que siempre quise contemplar, y que deseo por siempre seguir contemplando. Bendita tu presencia cuando la luz del día me permite encontrarte e ir de la mano contigo por este camino que nos lleva a algún lugar grandioso en el que, contigo, más que andar, vuelo y me sostengo en el mismo aire que acarician mi cara al andar.

Bendita sea la luz del alba en las estrellas que se vuelven gloriosamente presencia en ti, y que justo en medio de la luna miro y permite que te reencuentre en este punto del camino. Sin soltar tu mano, cuando parecía que el aire me alejaba de ti, te siento muy cerca, te veo brillante, resplandeciente, con una luz que me llena el alma y me sigue sosteniendo como el mismo aire en medio del camino. Tu sonrisa, tu cariño, tu sencillez, tu sosiego, tu libertad, tu honestidad, tu esencia me hacen sentir que soy poseedora de la mayor bendición del mundo.

Qué hermosa es la vida por permitirme seguir aferrándome a tu bendita presencia, que deseo seguir hasta las últimas consecuencias, hasta el fin del camino, para ver allí el brillo y lo grandioso de este lugar donde el vuelo toma altura y donde todo vuelve a empezar.


Texto extraído de mi libro: «Sombras de luces»

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Dos años después, regresé a mi hogar. Me halle ante numerosas barreras arquitectónicas, las cuales, me impedían salir de casa y exigían de mí, destreza, agilidad y resistencia para no caer en la desmotivación general. 
Después de que, en una mañana de hace ya más de veinte años cuando me quise levantar de la cama, percibí que la vida me había dado un zarpazo: una diversidad funcional. Ya no podría volver a jugar más nunca a baloncesto con los amigos del barrio e ir al cine, también, se acabó las horas sentada en el pupitre del colegio o incluso, ya no volvería a entrar a la biblioteca municipal. Desde aquel entonces, comenzó mi recorrido de ingresos hospitalarios entre Tenerife y Madrid, en donde solo existían los días rodeada de personas con batas blancas, cuantiosas pruebas médicas e intervenciones quirúrgicas.

En un principio rehusé aquella «invitación»: me enfadé con el mundo, y también conmigo misma. Sin embargo, con el paso de los meses, aprendí que verdaderamente la vida no solamente se delimita por el modo en que pueda desplazarme, cuánto pueda ver o inclusive cuánto pueda escuchar, entre otros muchos hándicaps. En realidad, la vida toma cuerpo con las nuevas experiencias que nacen del entusiasmo que dispongo a la hora de vivir. Son abundantes las horas del día que el dolor no me deja respirar, ni tampoco dormir, hasta tampoco estoy las veinticuatro horas del día con una sonrisa en los labios. Sin embargo, me aferro con fuerza a mis ganas de vivir para que no exista un solo elemento que pueda obstaculizar y perturbar este anhelo personal.

Con seis o siete años, ya me gustaba mucho la literatura y la escritura, recuerdo en clase a la profesora de lenguaje, Olimpia:

Decía: —Vamos hacer un dictado. Vamos hacer hoy un resumen.

El murmullo del desconcierto se colaba por los rincones del aula, mientras que para mí suponía una excelente tarea. Sin embargo, ha sido con el paso de los años cuando se ha despertado esa necesidad de contar y compartir mis estados de ánimos y pensamientos con los demás. En la actualidad, le dedico gran parte de mi tiempo vital. Fue la escritura junto con la tecnología la única manera que disponía para romper las barreras que me incomunicaban con el mundo exterior.

Actualmente, las circunstancias han cambiado en positivo. Ya puedo salir a la calle, y tener una vida un tanto más normalizada. Además, formo parte del voluntariado de APREME. Un hecho este que desde hace dos años está resultando para mí un auténtico regalo por la cantidad de aprendizaje personal que me aporta, y el conjunto de experiencias que estoy viviendo.

APREME, es un ejemplo de entidad para la sociedad por la que un número importante de padres icodenses lucharon para que fuera la realidad que hoy en día es, así como los chicos que dan vida a la asociación, a quienes admiro, por su talento, y la capacidad que tienen de vivir cada instante. Cada uno de ellos reafirma el sentido único de la vida: amar y ser amados. Con la naturalidad y la sencillez del ser humano que muestra su estado afectivo y emocional sin pudor; comparte sus sonrisas, canta sin miedo a desafinar, y baila sin preocupaciones por el simple hecho de no ser un bailarín profesional.

A partir de ahora, APREME, me cede este espacio dentro de su Web: «La ventana de Arancha». En un principio compartiré con ustedes de modo quincenal diferentes artículos de opinión, entrevistas, y relatos llenos de realidad y ficción, entre otros. Siempre vendrán cargados de mucha sensibilidad. A mi manera, con toda la fuerza y las ganas que tengo de compartir contigo, con ustedes, a partir de este lapso de tiempo, trazos de vida. Te invito a que vivamos juntos esta experiencia que nos hará tener otra mirada de la realidad.

Desde este espacio, también, agradecer muy profundamente a la Asociación APREME, y sobre todo al conjunto de personas que la compone por acogerme en su seno familiar, y por tenderme la mano con tanto afecto que me conmueve.

Hay una frase que voy a repetir con asiduidad, y espero que tú también la repitas. No olvides que: LA INCLUSIÓN Y LA DIVERSIDAD SOCIAL ES MÍA, Y TAMBIÉN TUYA.

 

¡¡JUNTOS SUMAMOS, Y CUANDO DIFERENCIAMOS RESTAMOS!!… ¡ÚNETE!