La luz que llena el alma

por arancha

Bendita la luz que hubo al alba. Bendita la luz que sentí en este amanecer que siempre quise contemplar, y que deseo por siempre seguir contemplando. Bendita tu presencia cuando la luz del día me permite encontrarte e ir de la mano contigo por este camino que nos lleva a algún lugar grandioso en el que, contigo, más que andar, vuelo y me sostengo en el mismo aire que acarician mi cara al andar.

Bendita sea la luz del alba en las estrellas que se vuelven gloriosamente presencia en ti, y que justo en medio de la luna miro y permite que te reencuentre en este punto del camino. Sin soltar tu mano, cuando parecía que el aire me alejaba de ti, te siento muy cerca, te veo brillante, resplandeciente, con una luz que me llena el alma y me sigue sosteniendo como el mismo aire en medio del camino. Tu sonrisa, tu cariño, tu sencillez, tu sosiego, tu libertad, tu honestidad, tu esencia me hacen sentir que soy poseedora de la mayor bendición del mundo.

Qué hermosa es la vida por permitirme seguir aferrándome a tu bendita presencia, que deseo seguir hasta las últimas consecuencias, hasta el fin del camino, para ver allí el brillo y lo grandioso de este lugar donde el vuelo toma altura y donde todo vuelve a empezar.


Texto extraído de mi libro: «Sombras de luces».